Es sabido que el modelo económico
del gobierno Kirchenerista se basa en impulsar el consumo por sobre el resto de
las variables económicas. No importa si dejamos de lado el ahorro, la inversión
o si la balanza comercial es un desastre. Desde el estrado la presidenta repite
una y otra vez que debemos tener un mercado interno fuerte, demanda agregada
sostenida y que los argentinos puedan seguir consumiendo al ritmo vertiginoso
que lo veníamos haciendo desde 2003. Esa es la idea y no se negocia por más que
cambien las condiciones de mercado, ni un solo paso atrás.
